Crónicas viajeras 3: Una escapada a la Toscana

martes, agosto 27, 2013

Aunque en la entrega anterior relatamos una semana de intensas visitas en la bulliciosa Roma, también tuvimos tiempo de intercalar una escapada de un día a la región vecina de Toscana. Y fue un ejercicio saludable porque por escapar del calor húmedo de julio de la capital, el cuerpo agradeció una jornada algo más relajada disfrutando de la ciudad de Siena, de los maravillosos paisajes que la rodean y, cómo no, de un poquito de su gastronomía.

La impresionante catedral de Siena


Entendiendo que Florencia es inabarcable en unas pocas horas, optamos por visitar la ciudad de Siena, a poco más de dos horas en coche desde Roma. así que salimos  temprano y antes de las 12 ya estábamos caminando por las calles de esta impresionante ciudad medieval.

Siena es una pequeña ciudad de unos 50000 habitantes, situada en alto, se puede considerar el paradigma de la ciudad medieval, con un planeamiento urbanístico que gira en torno a la espectacular y enorme Piazza del Campo, un espacio abierto dominado por la torre medieval del ayuntamiento o Torre del Mangia de 88 metros de altura.

Piazza del Campo

Torre del Mangia

Tras callejear durante más de una hora por el intrincado trazado urbano de la ciudad decidimos hacer una parada para paliar el fuerte calor con una buena Birra Moretti y unos panini como tentempié. Fuimos a caer en un pequeño bar situado a la espalda del ayuntamiento en el cual el concepto de tentempié no se entiende exactamente igual que aquí y nos soltaron unos bacadillos bastante considerables y bien aderezados. Los pedimos de porchetta, carne de cerdo asada, y bresaola, el equivalente italiano de la cecina acompañados de lechuga y la inevitable mozzarella.


Panino de porchetta

Panino de bresaola

Y nuestro tentempié se convirtió en almuerzo, y como todo almuerzo no está completo sin un buen postre, decidimos buscar un helado como dios manda. Y resulta que en Siena los helados son excepcionales, en mi opinión, mucho mejores que en Roma, y las heladerías compiten para hacerlos aún más apetecibles.

Sólo puedes elegir tres sabores

Los helados son cremosos y ligeros, elaborados artesanalmente con ingredientes de primera. Los sorbetes son muy delicados y es imposible distinguir ni el más mínimo cristal de hielo mientras se funden en la boca. Imperdonable visitar Siena y no darse un homenaje de este tipo.

Ya repuestos y refrescados seguimos nuestra visita por la ciudad, que aún seguía engalanada por la celebración, sólo 10 días antes, del acontecimiento del año en la ciudad, El Palio.


Palio di Provenzano (2/7/2013)

El Palio es una carrera de caballos que se celebra en la Piazza del Campo dos veces al año. Consta de tres vueltas a la plaza en sentido de las agujas del reloj. Los jinetes, que montan sin silla, y sus monturas representan a los distintos barrios de la ciudad para los que ganar el evento supone un orgullo indescriptible.

Las caídas y los choques son frecuentes en la carrera (lo que ha propiciado no pocas protestas de las asociaciones de defensa de los animales), pero la caída de un jinete no implica la derrota, ya que, curiosamente, el que gana la carrera es el caballo, siempre que conserve sobre la frente el distintivo del barrio al que representa.

Para despedirnos de Siena visitamos su catedral, un impresionante edificio construido principalmente en el siglo XIII y que recuerda mucho al duomo de Florencia, al más puro estilo gótico italiano. Impresionantes los mármoles de distintos colores que cubren suelos y paredes, así como los recargados techos donde los trampantojos te hacen dudar donde acaba el arte y donde empieza la realidad.

La cúpula, desde el interior

Y aún nos quedó tiempo para visitar uno de esos lugares mágicos que marcan tu recuerdo mucho más que otros a lo mejor más conocidos.

Cuando sales de Siena y te vas metiendo en el campo, empieza a aparecer la Toscana que uno espera, viñas, cipreses y colinas suaves. Pues allí, donde la Toscana empieza a convertirse en una postal de sí misma, se encuentra San Gimignano, un pequeño pueblo al que algunos llaman "el Manhattan de la Toscana".

El "skyline" de San Gimignano

Y es que esta pequeña ciudad medieval ha logrado conservar 15 de las 72 torres que tuvo, lo que le confiere un impresionante "skyline" que recuerda en cierto modo a los rascacielos neoyorkinos.

Aunque es un pueblo eminentemente turístico, su centro medieval amurallado conserva todo el encanto que otras localidades han perdido. Recorrer su calle principal, Via San Giovanni, y sus cuatro plazas, te transporta inevitablemente a otra época y las torres, a alguna de las cuales se puede subir, hacen que mires más hacia el cielo que a las numerosas tiendas existentes.

Incluso, se pueden ver imágenes curiosas como estas "torres gemelas" que recuerdan a las que cayeron en Nueva York en 2001

Torres gemelas de San Gimignano
Torres gemelas de Manhattan

En San Gimignano se vende de todo para los turistas, pero centrándonos en lo gastronómico se ve una variopinta mezcla entre producto local y producto turístico puro y duro.

Nada más pasar la muralla pudimos ver en una vitrina uno de los productos más típicos del centro de Italia, la porchetta. En este caso, el cerdo entero se suele asar en un espetón embadurnado de especias, y se le van cortando tajadas hasta que se acaba. Realmente delicioso.

Imagen impactante de la porchetta 

De entre los productos típicamente toscanos es abundante la oferta de quesos de tipo pecorino toscano, elaborado con leche de oveja. Un queso curado que marida muy bien con el famosísimo vino local, el Chianti.

Vino de Chianti y pasta

Ya atardecía cuando recorrimos parte de la muralla exterior de San Gimignano, y buscando paisajes encontrtamos postales...

Toscana, tal y como te la imaginas

No quisimos irnos de San Gimignano sin hacer una visita con valor sentimental para nosotros. Hace cinco años, la primera vez que estuvimos allí, cenamos en un pequeño restaurante justo a la salida de las murallas. era un restaurante encantador, con mesas pequeñas y manteles de tela y una pequeña ventana con una vista preciosa.

La ventana en 2008

La ventana, sin maceta, en 2013

Y aunque era temprano, como habíamos almorzado pronto y de aquella manera, decidimos quedarnos a cenar. La Tratoria Rigoletto tiene muchísimo encanto y una cocina fantástica que recoge lo mejor de la gastronomía toscana.

La entrada, con la ventana al fondo

Ya acomodados en una de las mesitas, y digo bien porque son minúsculas,  echamos un vistazo a la carta. Para empezar, optamos por un pecorino curado delicioso, fuerte y ligeramente picante, un acierto pese a su viejuna presentación.

Pecotino toscano

También probamos una bruschetta al estilo local. Una tosta cubierta con una especie de pisto con un toque picante realmente delicioso.

Bruschetta toscana

De entre los platos principales fueron especialmente destacables dos de ellos, unos gnochis al ragú realmente deliciosos y un curioso risotto al azafrán de San Gimignano, muy ligero y aromático. Y es que ellos se sienten muy orgullosos de sus cultivos de azafrán, incluso organizan una ruta del azafrán con visitas a los cultivos y a las fábricas y degustación de recetas hechas con este producto.

Pero donde se salieron fue en los postres, probamos tres de ellos, un coulant buenísimo con helado de vainilla, una milhoja de frutos rojos espectacular, con un contraste entre dulce y ácido realmente sorprendente y un juego de texturas impresionante que hizo que la porción supiera a poco.

Millefoglie de frutos rojos

Y, por fin, el mejor tiramisú que he probado, y no era un tiramisú corriente, era un tiramisú deconstruido. Un dedito de café en el fondo, la crema de mascarpone cubriendo el café, el cacao coronándolo todo y cuatro bizcochos metidos hasta el fondo del vaso para que se impregnen de abajo hacia arriba de los distintos sabores. Ya digo, aunque la presentación era austera, el resultado fue fantástico, tanto que estoy trabajando en emular esta particular receta...

El mejor tiramisú

Ya anochecía cuando salimos de San Gimignano de vuelta a Roma. Llegamos tarde y muy cansados, pero con el buen sabor de boca de haber disfrutado de una jornada inolvidable.


....CONTINUARÁ


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2 Comentarios

  1. Qué chulo!!! Yo la Toscana no la visité cuando estuve en Italia, aunque sí en Florencia, que me encantó.
    Vaya con los paninis toscanos!!! Pedazo bocata!!! y los helados... aaaayyyy... me entran ganas de ir a la Toscana sólo por los helados :)
    Aquí estaré esperando el resto de la crónica
    besos

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    Respuestas
    1. La Toscana es para ir y quedarse allí, y lo de los helados de Siena es un auténtico espectáculo de verdad es una pena no poder probarlos todos. Apuntate el destino para cuando puedas. Besos

      Eliminar

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