Por fin he podido terminar de ver el quinto capítulo de Top Chef y lo primero que tengo que decir es que por primera vez me he aburrido, se me ha hecho muy largo y muy pesado.
No se qué es, pero hay algo que no termina de engancharme a este programa. Quizás sea el escaso nivel de los concursantes que siguen empeñados en retrasar el momento en que aparezca un plato realmente espectacular que nos deje boquiabiertos y que esté a la altura de sus presuntas aptitudes. Quizás sea el poco juego que da el jurado, porque Chicote hace lo que puede pero no es ni Buenafuente ni Pablo Motos, pero es que los otros dos son la cosa más sosa que hay sobre la faz de la Tierra. Quizás sea la hora de emisión y el metraje del programa o el exceso de publicidad en el tramo final. No lo se, el caso es que Top Chef no me está enamorando y llegar al capítulo 13 se me hace muy cuesta arriba.
Chicote intenta darle al programa algo de espontaneidad,
los otros dos son casi figuras de cera
Lo más destacable de ayer fue la más que sorprendente eliminación de Jesús, el que por trayectoria era el gran favorito para alzarse con la victoria. Además, es que no hubo lugar a las dudas porque se puede considerar casi pecado mortal para un cocinero ser incapaz de reconocer la presencia de calamar en una sopa fría de calamar y pepino sobre caldo de calamares, por muy disimulado que éste estuviera (de hecho, sus tres rivales lo identificaron sin dificultad). Es que ni siquiera le supo a mar...




