La ensalada caprese es sin duda uno de los emblemas de la cocina italiana, incluso de un primer golpe de vista, la bandera de Italia nos entra por los ojos. Originaria de la isla de Capri, situada al sur del Golfo de Nápoles, esta ensalada resume todo lo bueno de la cocina italiana, es muy sencilla (la cocina italiana huye de las mezclas de muchos ingredientes) es natural y equilibrada y sólo lleva ingredientes frescos y de proximidad.
Pues desde que el verano pasado estuvimos en Campania, en el sur de Italia, ando loco por hacer esta ensalada, pero me he encontrado un problema de difícil solución, no encuentro la albahaca de hoja grande que tiene un sabor menos intenso y aporta mucha más textura que la albahaca que he encontrado por aquí, de hoja pequeña y de aspecto generalmente mucho menos vistoso...
Así, que me decidí a hacer esta variación que respeta el colorido aspecto de la receta original, cambiando radicalmente su sabor al incluir rúcula y vinagre balsámico en lugar de la típica albahaca. Y el experimento salió bien, esta es mi ensalada que no es caprese pero que lo parece....
Hoy terminan las vacaciones de semana santa, y como el domingo ha salido lluvioso, se antoja un día ideal para preparar alguna recetilla de esas que guardas en la recámara. Yo he optado por el dulce y he preparado una deliciosa crème brûlée.
Aunque como suele ocurrir en estos casos, existe cierta controversia sobre el origen de este postre, si que se sabe a ciencia cierta que en Francia se hace al menos desde mitades del siglo XVII, ya que en 1651 se publicó con el nombre de "huevos a la crema" en un libro de recetas titulado "El cocinero francés", escrito por François Pierre de la Varenne.
Aunque como suele ocurrir en estos casos, existe cierta controversia sobre el origen de este postre, si que se sabe a ciencia cierta que en Francia se hace al menos desde mitades del siglo XVII, ya que en 1651 se publicó con el nombre de "huevos a la crema" en un libro de recetas titulado "El cocinero francés", escrito por François Pierre de la Varenne.
Y por fin la tercera entrada de las que prometí, llevo algo de retraso, dije que saldría ayer, pero esta receta ha nacido para llegar tarde. De hecho esta receta la hice para participar en el reto de febrero de la comunidad Trotamundos de Google + y ayer mismo se publicaron los ganadores (enhorabuena a todos ellos).
Pero aún llegando tarde no quiero dejar de presentar mi versión de este postre. Como ya os digo, la comunidad Trotamundos nos proponía este mes un viaje a Escocia y podíamos elegir entre dos opciones, un pastel de pescado para la versión salada y este pomposo Cranachan para los que optáramos por el dulce.
Es una receta sencillita que yo me he complicado un poco. En la receta original incluye whisky, miel, copos de avena, nata, azúcar, fresas y frutos rojos. Yo me he propuesto hacerla algo más "scott", reduciendo la cantidad de dulce, aumentando algo la cantidad de whisky y añadiendo una salsa de chocolate amargo para darla un poco más de rock & roll (como diría Jordi Cruz)
Nuestra segunda entrada de hoy es otra salsa que también se puede usar en muchas otras preparaciones, es una sencilla salsa de chocolate que se puede usar perfectamente a temperatura ambiente porque se mantiene líquida.
Es el chocolate un ingrediente delicado que requiere ser tratado con mimo para no alterar sus deliciosas cualidades y obtener de él el rendimiento deseado. A la hora de calentarlo debemos hacerlo con delicadeza, poco a poco, para que mantenga su consistencia homogénea y cremosa.
Después de muchos días sin publicar nada, hoy volvemos con fuerzas renovadas, y lo hacemos con una entrada múltiple, tres por uno inédito hasta ahora en este blog.
Empezaremos con una receta comodín, una de esas preparaciones que lo mismo vale para un roto que para un descosido y que nos servirá para preparar infinidad de postres. se trata del delicioso coulis de fresas.
Empezaremos con una receta comodín, una de esas preparaciones que lo mismo vale para un roto que para un descosido y que nos servirá para preparar infinidad de postres. se trata del delicioso coulis de fresas.
Por primera vez vamos a sacar una secuela de una receta anterior. Si Caballo de Troya, Rambo, Toy Story o incluso Torrente han sido capaces de alargar la saga hasta la nausea, ¿por qué no nosotros?. Así pués, después del exitazo de nuestra Copa de Otoño, llega la esperada Copa de Invierno (por supuesto, no descartamos hasta dos secuelas mas e incluso, si vemos la cosa fácil, podemos hacer copas mensuales, que se lo digan al de La guerra de las galaxias....).
Y si hay dos frutas aquí en Andalucía que marcan tendencia en invierno esas son las fresas y las naranjas. En este postre combinamos fresón de Huelva y naranjas de San Martín del Tesorillo (Cádiz) con cremoso yogur y frutas rojas, una auténtica delicia sencilla y asequible.
Aquí en Andalucía es muy habitual acompañar la primera cerveza con una tapa fría, aliño de huevas o de pulpo, picadillo con atún, patatas aliñadas, una buena ensaladilla rusa o estas deliciosas patatas alioli.
Antes de que se me eche encima la facción más radical del grupo talibán pro alioli auténtico, tengo que decir que soy plenamente consciente de que esto no es alioli de verdad, que es una versión bastante fullera que se ha hecho tan habitual que ya casi nadie recuerda, al menos por estos lares, cómo era la receta original.
Hoy para variar vamos a presentar un postre, un pequeño capricho, ideal para estas fechas si te apetece poner el turrón de toda la vida pero de un modo distinto al tradicional. Esta receta también es estupenda para cualquier momento del año en el que quieras salir de esa tableta de turrón que te sobró y que reaparece obstinadamente cada vez que abres la despensa...
La panna cotta (que en italiano viene a ser nata cocida) es un postre típico de la región del Piamonte, cuya capital es Turín y está situada en el norte de Italia, limitando con Francia. La preparación habitual es muy sencilla e incluye nata, azúcar y algún gelificante, generalmente gelatina. El resultado es un postre delicado, suave y no excesivamente dulce, lo que permite combinarlo con mermeladas, siropes, caramelo, etc.... Además, basta dar una vuelta por google para comprobar como existen cientos de preparaciones diferentes de este postre con distintos ingredientes como protagonistas.
después de un par de meses de reciclaje, por fin regresan nuestras cenas fulleras, y lo hacen a lo grande, con un platazo que se hace en tan solo 15 minutos y que además sale por cuatro perras. Revuelto de setas y espárragos verdes.
Como ya sabéis, nuestras cenas fulleras tienen que cumplir tres requisitos fundamental, ser baratitas, fáciles de preparar y deben incluir algún producto "fullero" que nos simplifique la tarea. En este caso vamos a poner a prueba para formar parte de nuestra selecta despensa fullera dos productos que comercializan los supermercados Mercadona.
Hoy presentamos una ensalada clásica que aprovecha la peculiar forma de cuchara o barquilla de las hojas de endibia para rellenarlas de sabor.
Esta ensalada se ha hecho en mi casa de toda la vida, pero usando queso azul o roquefort rebajado, yo la suelo hacer con gorgonzola que es más suavito, pero en realidad podéis usar el queso tipo azul que más os guste. Igualmente podéis sustituir las nueces por avellanas y sale también muy buena.
Cocinar con niños
Cocinar con niños 6: Bizocho de calabaza con mermelada de calabaza para el Halloween de las narices
Desde hace muchos días se viene barruntando la llegada de la "tradicional" fiesta de Halloween. Aunque yo no soy nada proclive a celebrar este tipo de cosas que ni son parte de nuestra cultura ni me dicen absolutamente nada, tampoco puedo vivir ajeno a la realidad y esta es que a los niños les gusta el dichoso Halloween. Este año he decidido no cerrarme en banda y aprovechar para preparar con Manuela un bizcocho relleno con carita y de paso poner una de esas entradas oportunistas que tanto gustan en los blogs de cocina.
Y no es que aquí no tengamos tradiciones para estas fechas, que si que las hay. Aquí en Cádiz, sin ir más lejos, se celebra "Tosantos". En esta fiesta, los puestos de los mercados de abastos montan escenas, normalmente críticas con la situación social, usando como protagonistas sus propios productos caracterizados de los distintos personajes. Es curioso, pero se puede comprender que un niño prefiera disfrazarse y comer chucherías a ver un melón disfrazado diciéndole que hay mucho paro...

