Tal y como se esperaba, diez premios Goya han confirmado a La Isla Mínima, del sevillano Alberto Rodríguez, como la mejor película española de 2014.
Corre el año 1980, en un recóndito pueblo de las Marismas del Guadalquivir, dos hermanas adolescentes desaparecen durante las fiestas. Para investigar lo ocurrido, dos policías son enviados por catigo desde Madrid, uno de ellos, ferviente defensor de la democracia y sus principios, el otro, más habituado a los métodos del régimen anterior.
Independientemente del desarrollo argumental que no desvelaré, la ambientación tiene una importancia fundamental en la película. Un paisaje rural de extraña belleza, por momentos agobiante y opresivo, acaba por convertirse en uno de los elementos esenciales de la historia.
Independientemente del desarrollo argumental que no desvelaré, la ambientación tiene una importancia fundamental en la película. Un paisaje rural de extraña belleza, por momentos agobiante y opresivo, acaba por convertirse en uno de los elementos esenciales de la historia.
Lo que quizás mucha gente no sepa es que Isla Mínima no es un paisaje ficticio creado para este thriller, Isla Mínima existe. En mi juventud, acudía allí frecuentemente a disfrutar de su riqueza ornitológica y a perderme por esos interminables caminos que conducen a las inmediaciones del Parque Nacional de Doñana.
El día en que la Academia del Cine reconoció la calidad de esta producción, yo lo dediqué a redescubrir este paisaje extraño y maravilloso en busca de colores y sabores que tenía casi olvidados.







