Ya lo veíamos venir desde la semana pasada, las horas de David, el cántabro de la eterna sonrisa, parecían estar contadas. Él se había metido en una dinámica negativa, sus platos eran, cada vez más, un batiburrillo de ideas sueltas, la mayoría disparatadas, que no casaban ni por casualidad, e incluso su sempiterna sonrisa se había esfumado.
Ayer, después de seis pruebas consecutivas a cual más desastrosa, se confirmó nuestra sospecha y su eliminación. Lo peor, para él, es la impresión de que la eliminación ha sido justa, e incluso tardía, si tenemos en cuenta lo que hizo la semana pasada. Al final, me queda la sensación de que este muchacho es una versión bonachona de Carlos Bacterio el de Top Chef, más simpático, pero con mucho menos fundamentos, por lo que le queda un largo camino que recorrer si realmente quiere abrirse hueco en el complicado mundo de la cocina profesional.
El de ayer fue uno de esos días que lo tienen todo para que cerremos el chiringuito, no volvamos a ver más este programa e incluso borremos la cadena de nuestra tele para que no volvamos a caer en la tentación. Lo primero, nuevo horario, el programa dio comienzo a las 22:40, me imagino que por la eurocopa; además, vuelta a la duración disparatada cercana a los 160 minutos, lo que nos llevó a la 1:20 del día siguiente.
Pero lo peor fue el contenido, una primera prueba, a priori interesante, en la que debían trabajar con verduras, se acabó convirtiendo en una telepromoción no disimulada de los hornos que patrocinan el programa y de los últimos discos de los flamencos y flamenquitos más en boga en el panorama musical patrio (para alegría de Eva, que en estos ambientes de farándula aflamencada e insustancial se mueve como pez en el agua).
La prueba de grupos fue una repetición de la chorrada (algo mejorada, eso si) de la estación de esquí del año pasado, y la prueba de eliminación planteó a los concursantes un reto casi imposible (reconocido así por los jueces) que sólo podía acabar en desastre.
En resumen, uno de los programas más aburridos de la temporada del que intentaremos sacar, al menos, unas cuantas sonrisas.
Llevaba la eliminación en la cara desde la semana pasada (y un poco de sueño, también)
El de ayer fue uno de esos días que lo tienen todo para que cerremos el chiringuito, no volvamos a ver más este programa e incluso borremos la cadena de nuestra tele para que no volvamos a caer en la tentación. Lo primero, nuevo horario, el programa dio comienzo a las 22:40, me imagino que por la eurocopa; además, vuelta a la duración disparatada cercana a los 160 minutos, lo que nos llevó a la 1:20 del día siguiente.
Algunos momentos del programa de ayer fueron difíciles de tragar
Pero lo peor fue el contenido, una primera prueba, a priori interesante, en la que debían trabajar con verduras, se acabó convirtiendo en una telepromoción no disimulada de los hornos que patrocinan el programa y de los últimos discos de los flamencos y flamenquitos más en boga en el panorama musical patrio (para alegría de Eva, que en estos ambientes de farándula aflamencada e insustancial se mueve como pez en el agua).
Pepe y Bordi se contagiaron del ambiente flamenco y se arrancaron por palmas
La prueba de grupos fue una repetición de la chorrada (algo mejorada, eso si) de la estación de esquí del año pasado, y la prueba de eliminación planteó a los concursantes un reto casi imposible (reconocido así por los jueces) que sólo podía acabar en desastre.
En resumen, uno de los programas más aburridos de la temporada del que intentaremos sacar, al menos, unas cuantas sonrisas.


























