Hoy nos adentramos en el mundo vegetariano con una ocurrencia que ha resultado tan satisfactoria que sin duda va a pasar a formar parte de los habituales en casa. Se trata de unos tallarines de calabacín y zanahoria acompañados de una falsa boloñesa en la que he sustituido la carne por coliflor, todo ello aderezado con queso parmesano recién rallado.
Evidentemente no soy vegetariano, y aunque respeto profundamente a la gente que opta por ello, no acabo de entender su razonamiento, en especial cuando las evidencias evolutivas apuntan a que tenemos un pasado más bien carnívoro (ahí están nuestros colmillos y un aparato digestivo bastante distinto al de los herbívoros y parecido al de los carnívoros). Pero aún me resulta más difícil entender que existan comidas para vegetarianos como el seitán o las hamburguesas y salchichas vegetales, que son una suerte de "quiero y no puedo", que demuestra cómo a algunos le flaquean a veces las convicciones cuando se echa de menos el umami.
¿Cuál es el santo grial del vegetarianismo?. Me imagino que cada uno tendrá el suyo, pero para mi no sería encontrar platos que imiten a la carne, sino aprender a combinar sabores y nutrientes de tal manera que nuestro paladar no necesitara acordarse de la carne. Bueno, pues en esa búsqueda he descubierto casi por casualidad que esta salsa boloñesa hecha sin carne sabe tan parecida a la original que casi podría pasar por ella, con la ventaja de que es bastante más saludable y ligera.
La salsa está preparada como la original, pero sustituyendo la carne por coliflor cortada pequeñita para conseguir una textura granuda parecida a la de la carne picada en la salsa auténtica, y reduciendo considerablemente el tiempo de cocción.
Los tallarines son tiras de calabacín y zanahoria cortados con mandolina y escaldados ligeramente en agua hirviendo, lo cual reduce el contenido calórico del plato sensiblemente y aumenta su contenido en vitaminas, fibra y minerales.
Evidentemente no soy vegetariano, y aunque respeto profundamente a la gente que opta por ello, no acabo de entender su razonamiento, en especial cuando las evidencias evolutivas apuntan a que tenemos un pasado más bien carnívoro (ahí están nuestros colmillos y un aparato digestivo bastante distinto al de los herbívoros y parecido al de los carnívoros). Pero aún me resulta más difícil entender que existan comidas para vegetarianos como el seitán o las hamburguesas y salchichas vegetales, que son una suerte de "quiero y no puedo", que demuestra cómo a algunos le flaquean a veces las convicciones cuando se echa de menos el umami.
¿Cuál es el santo grial del vegetarianismo?. Me imagino que cada uno tendrá el suyo, pero para mi no sería encontrar platos que imiten a la carne, sino aprender a combinar sabores y nutrientes de tal manera que nuestro paladar no necesitara acordarse de la carne. Bueno, pues en esa búsqueda he descubierto casi por casualidad que esta salsa boloñesa hecha sin carne sabe tan parecida a la original que casi podría pasar por ella, con la ventaja de que es bastante más saludable y ligera.
La salsa está preparada como la original, pero sustituyendo la carne por coliflor cortada pequeñita para conseguir una textura granuda parecida a la de la carne picada en la salsa auténtica, y reduciendo considerablemente el tiempo de cocción.
Los tallarines son tiras de calabacín y zanahoria cortados con mandolina y escaldados ligeramente en agua hirviendo, lo cual reduce el contenido calórico del plato sensiblemente y aumenta su contenido en vitaminas, fibra y minerales.












